Agencia Cuartoscuro: 40 años de periodismo fotográfico

Portafolio publicado en la revista CUARTOSCURO 189 (junio-agosto 2026)

En este número celebramos cuatro décadas de existencia de la Agencia Cuartoscuro. Al mirar hacia atrás, inevitablemente vuelvo a los fotógrafos que marcaron el rumbo del fotoperiodismo mexicano y a las experiencias que dieron origen a un proyecto que nació de un sueño, de muchas carencias y de la convicción de que era posible ejercer el periodismo con independencia.

La historia de las agencias fotográficas en México comenzó mucho antes que la nuestra. Pienso en Agustín Víctor Casasola, quien entendió desde muy temprano el enorme valor documental de la fotografía y reunió uno de los archivos más importantes de América Latina. Más allá de las críticas que ha recibido por sus posiciones políticas, considero que su verdadero legado consiste en haber preservado una memoria visual indispensable para comprender la historia de México.

Después llegaron los Hermanos Mayo, fotógrafos republicanos españoles que arribaron al país como exiliados tras la Guerra Civil Española. Con ellos cambió la forma de hacer fotografía de prensa. Introdujeron nuevas herramientas, nuevas maneras de mirar y, sobre todo, una nueva ética del trabajo fotográfico. Exigieron que las fotografías llevaran crédito autoral, retrataron la vida cotidiana con profundidad y demostraron que el fotoperiodismo podía ser comprometido, creativo y profundamente humano.

Ciudad de México, 8 de septiembre de 1988.- Vicente Fox se coloca boletas electorales durante la calificación de las elecciones presidenciales. © Tomás Martínez/Archivo Cuartoscuro

También ocupa un lugar fundamental Héctor García, quien comprendió que la independencia era indispensable para ejercer el oficio. Cuando los grandes periódicos rechazaban publicar las imágenes de los movimientos sociales, decidió crear ¡Ojo! Una revista que ve, convencido de que la fotografía debía encontrar sus propios espacios para contar aquello que otros preferían silenciar.

Todos ellos fueron construyendo los cimientos sobre los que años después levantaríamos Cuartoscuro.

La idea de fundar una agencia comenzó a tomar forma mientras cubría la Revolución Sandinista en Nicaragua, en 1979. Allí conocí la forma en que trabajaban agencias internacionales como Magnum, SIPA y Contact Press, y confirmé que era posible hacer periodismo desde la independencia, sin depender de gobiernos, empresas o grupos de poder. Al regresar a México compartí esa inquietud con Luis Humberto González, Marco Antonio Cruz y Jesús Carlos. Poco a poco aquel sueño empezó a convertirse en proyecto.

En marzo de 1984 comenzamos a trabajar en una casa al sur del entonces Distrito Federal. Éramos pocos, teníamos muy poco equipo y muchas ilusiones. Recuerdo las largas conversaciones en las que imaginábamos el edificio que algún día construiríamos para la agencia o las sucursales que abriríamos en ciudades como Nueva York o París. Mientras hacíamos esos planes apenas contábamos con una mesa, unas cuantas sillas, una vieja cafetera, algunos tanques para revelar y una ampliadora. La señora Alicia, dueña de una pequeña tienda cercana, nos fiaba la comida mientras esperábamos los primeros trabajos.

Aquellos meses fueron difíciles. Nadie nos buscaba para contratarnos. Salíamos todos los días a fotografiar la vida cotidiana, las marchas, las protestas y todo aquello que considerábamos importante, pero muchas veces regresábamos sin vender una sola imagen. Con el primer encargo que recibimos pagamos las deudas, compramos película, revelador y fijador. No era mucho dinero, pero para nosotros representaba la posibilidad de seguir adelante.

Así nació Imagenlatina, antecedente directo de Cuartoscuro. El nombre surgió de una conversación en la que buscábamos una identidad propia y retomábamos, incluso, la influencia de unomásuno. Años después, ese proyecto evolucionaría hasta convertirse en la Agencia Cuartoscuro.

Chiapas, 1994.- Víctimas de la lucha guerrillera en Chiapas. © Eloy Valtierra/Archivo Cuartoscuro

Durante esos mismos años el fotoperiodismo mexicano también vivía una transformación. Periódicos como El Sol de México comenzaron a dar mayor importancia a la fotografía y permitieron que los reporteros gráficos desarrollaran trabajos propios. Más tarde, unomásuno, bajo la dirección de Manuel Becerra Acosta, revolucionó la relación entre imagen e información. Allí entendimos que la fotografía podía ocupar un lugar central dentro del periódico y que era posible narrar la realidad con la misma fuerza que el texto.

Mi incorporación a La Jornada, invitado por Carlos Payán, representó otro momento decisivo. Desde el Departamento de Fotografía buscamos ampliar el espacio destinado a las imágenes y dignificar el trabajo de los fotógrafos, quienes durante muchos años habían sido considerados simples acompañantes de los reporteros. En aquella época era común que las fotografías ni siquiera llevaran el nombre de su autor. Nosotros queríamos cambiar esa visión y demostrar que una fotografía también construye información, interpreta los acontecimientos y forma parte de la memoria colectiva.

Durante décadas, gran parte de la prensa mexicana vivió muy cerca del poder político. Las fotografías oficiales, los actos protocolarios y la propaganda ocupaban un espacio desproporcionado en los periódicos. Frente a ello, muchos fotógrafos buscamos documentar la vida cotidiana, las luchas sociales, el trabajo, el campo, las manifestaciones y todo aquello que reflejaba el verdadero pulso del país. Creíamos —y sigo creyendo— que el periodismo debe mirar hacia donde pocos están mirando.

Ser fotógrafo de una agencia significa mucho más que cumplir órdenes de trabajo. Implica salir todos los días con la disposición de encontrar una historia, comprender el contexto y construir una imagen que informe, emocione y permanezca. No existen coberturas pequeñas ni temas de segunda categoría. Una buena fotografía puede surgir en cualquier lugar si quien sostiene la cámara observa con paciencia, sensibilidad y compromiso.

Ciudad de México, 1987.- Carlos Salinas y Luis Donaldo Colosio realizan ejercicios en los Viveros de Coyoacán. © Pedro Valtierra/Archivo Cuartoscuro

Siempre he pensado que la técnica, por sí sola, no basta. El fotógrafo necesita conocer la realidad que documenta, leer, informarse y entender lo que ocurre a su alrededor. La composición y la estética son importantes, pero nunca deben estar separadas del contenido. Una fotografía periodística debe provocar preguntas, comunicar una idea y convertirse, con el paso del tiempo, en un documento histórico.

Con esa convicción nació Cuartoscuro en 1986. Desde entonces hemos buscado ejercer un periodismo independiente, conservar nuestros archivos y defender el valor de la fotografía como herramienta para comprender la realidad. Cuarenta años después, seguimos creyendo en los mismos principios que nos impulsaron al comienzo. Nuestro mayor patrimonio no ha sido un edificio ni una infraestructura, sino la constancia de salir todos los días a la calle para documentar el país.

Después de cuatro décadas sigo convencido de que la mejor fotografía aún no se ha tomado. Cada jornada representa una nueva oportunidad para mirar, reflexionar y volver a intentarlo. Esa ha sido, desde el principio, la esencia de Cuartoscuro.

Información completa en la revista CUARTOSCURO 189

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