El futbol en las fauces del capital
Entrevista con Fernando Signorini
Autor del libro intitulado Fútbol, llamado a la rebelión: La deshumanización del deporte (2020), Signorini siempre ha sido una rara avis dentro del futbol profesional. Lo mismo cita a Carlos Marx que a Paulo Freire, a Frantz Fanon o Rosa Luxemburgo, demostrando que en esa pasión de multitudes también pueden habitar las ideas, las reflexiones y el pensamiento crítico. Cuartoscuro charló con él en el marco del campeonato de futbol que actualmente se disputa en México, Estados Unidos y Canadá…]
Nacionalismos en venta
—Para usted, ¿cuándo el futbol dejó de ser un juego vinculado a los sectores populares y fue fagocitado por la lógica de mercado propia del capitalismo?
—En julio de 1984, cuando llegamos a Italia con Diego Maradona. Allí, el director general del Napoli era Italo Allodi: tal vez, el inventor del fútbol como espectáculo masivo con la irrupción de los patrocinadores. Hoy en día, los jugadores de fútbol —que son los principales actores— no tienen absolutamente nada que ver en las grandes decisiones tomadas sobre este deporte, el cual ha sido transformado en lo que es ahora: un maravilloso instrumento para manipular a las masas y desviar la atención de los problemas que realmente afectan al mundo.
“Este último Mundial de Estados Unidos, para mí, es inaceptable. Hace tiempo declaré que no veré un solo partido disputado en territorio estadounidense, pues ese país está gobernado por uno de los peores y más brutales genocidas de las últimas décadas: Donald Trump, quien ha hecho con el fútbol lo que ha querido a través de la intervención del FBI en la FIFA. César Luis Menotti alguna vez advirtió que, cuando el fútbol saltó desde los terrenos de juego hacia los escritorios de los grandes negociantes, este deporte cambió para siempre y ya no volverá a ser lo que alguna vez fue».

“No seré una oveja del rebaño; conmigo no van a hacer lo que estos tipos quieren. Lamentablemente, en el mundo hay miles de millones de personas hipnotizadas e instrumentalizadas. Entonces, se sigue apuntando al nacionalismo, por ejemplo, el cual provoca la venta de miles y miles de camisetas. Esto no hace más que perpetuar algo que ya señaló Albert Einstein: la estupidez humana. Recordemos cuando dijo que conocía dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; aunque acerca del universo no estaba muy seguro… Hoy veo a las muchedumbres gritando, desesperadas, enfrentándose, odiando al otro, y todo esto se vende como una fiesta”.
Del opio al caramelo…
—El capitalismo, ¿qué encuentra en un deporte como el futbol?
—Es una mina de oro, sin ningún tipo de dudas. Además, quienes de alguna manera diagraman las conductas de las masas han detectado en él, en este deporte, un reemplazo maravilloso de los efectos de la religión. Alguna vez Marx dijo que la religión era el opio de los pueblos, ¿no? Ante la pérdida de vigencia de ese discurso, que ya no tiene el mismo peso específico en nuestras sociedades, han encontrado en el fútbol un reemplazo formidable.
—Según su diagnóstico, ¿transitamos del aficionado tradicional al consumidor?
—Sí, al cliente. Además, es mentira que a la gente le guste el fútbol. A la gente le gusta que gane su equipo, aunque juegue de cualquier manera. No importa. Es típico de la sociedad de consumo: lo único que importa es ganar y tener. Ha quedado de lado toda exaltación estética, y no solamente ética. A través de los medios, y en todos los países, se repite que hay que ganar de cualquier manera; el segundo lugar no existe… el que pierde es un fracasado.
“Mientras tanto, diversos ecosistemas son brutalmente destruidos, de manera obscena, por el capitalismo. Mientras tanto, los chicos siguen siendo masacrados en Gaza y permanecen activos cuatro o cinco focos de guerra en el mundo. Además, en Argentina aumenta la mortalidad infantil por cada mil bebés nacidos vivos. Cada vez más gente queda fuera de cualquier posibilidad de tener un techo, un trabajo, una buena educación o una buena salud. Y el capitalismo dice: ¡Ah, no importa! Para eso tenemos el ‘chupetín’ [paleta] del fútbol, que nos hace olvidar todo”.
“Que se callen y jueguen”
—Hubo una época en el futbol en que los sectores populares y subalternos encontraban allí cierto grado identitario, inclusive un acercamiento a la belleza al ver jugar a la selección de Brasil en 1970 o a la llamada Naranja Mecánica de Holanda, en 1974. Escuchándolo a usted, uno infiere que esa aproximación a la estética quedó rota, anulada.
—Ahora lo que priva es el tener, no el ser. No importa jugar muy bien. Lo único que importa es ganar, según la lógica del capitalismo. Curiosamente, el fútbol fue una construcción cultural de las clases populares en la mayoría de los países de Latinoamérica y de África; sin embargo, ahora esos mismos inventores deben pagar para ver su invento. ¡Es ridículo! Hasta los jeques árabes se han hecho dueños del negocio y son más importante que los mismos jugadores de fútbol. Además, no olvidemos las presiones brutales sobre los jugadores, más los calendarios absolutamente recargados. Qué lejos quedó aquella intención de Diego Maradona durante el Mundial de México 1986, cuando dijo que no se debía jugar en esas condiciones de extremo calor, pues así no se preservaban ni la salud de los jugadores ni la comodidad de los espectadores.

“João Havelange, entonces presidente de la FIFA, dijo: ‘¡Que los jugadores se callen y jueguen!’ Recuerdo que le señalé a Maradona: ‘Te equivocaste. No tendrías que haberte callado y no tendrían que haber jugado. Debieron haber detenido el Mundial. A ver, ¿quiénes habrían jugado entonces?’ Los jugadores, de una vez por todas, tienen que ponerse los pantalones largos y hacerse cargo de los destinos del fútbol, el cual debe ser de los jugadores a nivel mundial. Una vez, en México, charlé sobre esto durante una cena en casa de unos amigos. Allí estaba Rafael Márquez. Le dije que él también, como figura emblemática de México, tendría que comprometerse de otra manera y ayudar, pues conoce a grandes referentes de la historia del fútbol. Ellos deberían hacerse cargo de la FIFA y de las federaciones locales.
“El sistema quiere a los futbolistas estúpidos, frívolos y egoístas; en lo posible, vulgares, porque así será más fácil dominarlos. Este estado de cosas tiene que cambiar porque el fútbol debe ser recuperado como un fantástico argumento formativo, como una maravillosa excusa para ser feliz, tal como alguna vez lo señaló Menotti”.

Miedo
—El futbolista profesional, hoy en día, pareciera Charlot, aquel personaje de Chaplin en Tiempos Modernos: frente a la banda de producción, ese hombre ya no puede dejar de hacer un movimiento laboral; la explotación se le vuelve síntoma en el cuerpo. Usted, que ha sido preparador físico en el alto rendimiento, ¿considera que hoy el futbolista profesional está realmente mejor preparado físicamente o estamos ante máquinas llevadas al extremo, las cuales —invariablemente— terminan por romperse?
—No, de ninguna manera. Eso fue implantado a favor del gran negocio, porque cuando el fútbol era un maravilloso entretenimiento de masas, cuando existieron grandísimos equipos y grandísimos jugadores, ¡ni siquiera había gimnasios! El fútbol es un hecho cultural que ha sido avasallado por el gran negocio. Hoy ya no es una expresión artística; ya no son artistas quienes juegan, salvo lo que queda de Leo Messi o Lamine Yamal. Ahora estamos ante atletas que juegan, corren, chocan y se tiran de cabeza; pero queda muy poco del fútbol entendido como expresión artística.
“Quisiera hacer una prueba: jugar un campeonato sin entrenadores. Que los jugadores vuelvan a la época en la cual eran chicos y organizaban sus equipos entre ellos mismos. Al menos no tendrían el miedo a perder que les transfieren los entrenadores, porque, claro, si pierden eso afecta negativamente su imagen. Hoy, en el fútbol como en la sociedad moderna, todo el mundo tiene miedo. El jugador tiene miedo de perder porque no podrá renovar un contrato o porque puede perder su puesto; asimismo, el entrenador teme ser cesado. Y el dirigente tiene miedo porque, si pierde, será criticado y los patrocinadores no lo reelegirán. Hoy el miedo es un factor de dominación, tal como alguna vez lo fue la religión.
Pobres millonarios…
—Alguien tan beligerante políticamente hablando como lo fue Diego Maradona, ¿hubiera podido existir en el fútbol actual, de carácter hiperempresarial?
—No, de ninguna manera. Por eso ahora tampoco nadie es capaz de rebelarse. En Catar, por ejemplo, nadie fue capaz de hablar acerca de los 15 mil muertos que hubo en la construcción de los estadios. ¿Por qué? Porque todo el mundo tiene miedo; porque saben que el serrucho sigue afilado y que a ellos también les pueden cortar las piernas, como en su momento hicieron con Maradona. Pero entonces, ¿cuál es el sentido de la vida actualmente? Tener mucho dinero, pero ser cada vez menos. O sea: ¡pobre gente con muchos millones!
“Salvo excepciones, ¿qué jugador de fútbol es hoy un apasionado lector? Ninguno. ¿Por qué no? Porque el sistema no quiere que los eduquen. El sistema los necesita estúpidos, absolutamente faltos de solidaridad y de nobleza. Cuanto más egoístas, mejor, para que así no sirvan de ejemplo a los demás. El sistema está encantado con que los jugadores sean así, porque estos grandes futbolistas son referentes para las nuevas generaciones. El sistema está encantado porque son los propios jugadores quienes le hacen el trabajo de evitar que los jóvenes se rebelen y sean políticamente incorrectos”.
Insurrectos del balón
—Hoy en día existe una “falla” en el sistema: el entrenador catalán Pep Guardiola, que lo ha ganado todo y es millonario; pero abiertamente se atreve a hablar en contra del genocidio en Palestina. ¿Cómo habitan esas expresiones dentro del ecosistema llamado futbol profesional?
—No olvides que, hace poco más de dos o tres semanas, Lamine Yamal levantó una bandera palestina, yendo en contra de todo lo que el poder manda, aunque ya se la harán pagar, pues lo tendrán bien anotado en alguna libreta. También Kylian Mbappé se pronunció respecto a los problemas que enfrentaría Francia si la derecha volviera a triunfar, refiriéndose al grado de deshumanización que seguramente sufrirían las clases más humildes bajo ese escenario. Pep Guardiola, en medio de un comentario acerca de un partido, se pronuncia contra el genocidio en Gaza; pero no lo van a buscar específicamente para que hable de eso. Deben tener una bronca bárbara porque Guardiola, siendo lo que es, no acepta andar de rodillas por las alfombras del poder.
Rebeldía y obediencia
—¿Qué diferencia a Messi de Maradona, ambos argentinos, en cuanto a su capacidad para posicionarse política y éticamente ante las injusticias del mundo? El astro argentino que actualmente juega en Estados Unidos, recordemos que acudió a la Casa Blanca para participar en un evento junto a Donald Trump, estrechándole la mano y sonriendo junto al mandatario estadounidense.
—Porque uno de ellos tenía la sensibilidad y el desenfado necesarios para ser rebelde y oponerse a los mandatos del poder. Y el otro no: fue educado en un ambiente mucho más proclive a obedecer a quienes te benefician con un montón de dinero. También en Argentina nació un tal Ernesto Che Guevara, y todo el mundo se siente orgulloso de él; pero hacen muy poco como para estar a su altura. Conozco a mucha gente pensante y comprometida; sin embargo, ahora mismo, con esto del Mundial, no pueden vencer el atractivo brutal que les producen el fútbol, el nacionalismo y ese acto de ponerse la camiseta y llevar una bandera.

“El poder y el sistema se encargan de exacerbar el nacionalismo porque, con ello, se aseguran, entre otras cosas, de que la máquina de la guerra siga produciendo ingentes ganancias, además de cientos de miles de muertos”.
Cultura y salud pública
—¿Queda algo rescatable en otras aristas del futbol, más allá de la industria, el dinero y el mercado? ¿Todavía existe algo digno de ser salvado del naufragio?
—Queda el fútbol en su esencia. Recuerdo una frase de Menotti: “El fútbol es una maravillosa excusa para ser feliz”, sobre todo para aquellos que no tienen otra posibilidad de acceder a deportes mucho más sofisticados. Hay que recuperarlo y, para ello, deben comprometerse las personas a cargo de los ministerios de Cultura, si es que siguen considerando al fútbol como un elemento cultural. Además, se requiere del compromiso de quienes dirigen los organismos de salud pública para que no se siga poniendo en riesgo la vida de quienes lo practican, lo cual sucede solamente para favorecer al negocio.
Recordatorio
En la parte final de esta charla sostenida con Cuartoscuro, Fernando Signorini no duda en enfatizar lo siguiente: “No olvidemos que la mayoría de los futbolistas latinoamericanos y africanos, tan festejados actualmente, cuando estaban en sus respectivos lugares de origen —en Tepito, en la Villa 31 o en alguna favela de Brasil— no solamente fueron ignorados, sino también despreciados al ser vistos como negritos villeros. Después, si gracias a su talento fueron capaces de producir lo que producen, entonces todo cambia: los invitan a los grandes salones de las mansiones, a las casas de gobierno y a los desfiles oficiales”.



