Una fotógrafa y sus pasos…

Texto y fotos de Crisanta Espinosa

Portafolio publicado en la revista CUARTOSCURO 188 (marzo 2026-mayo 2026)

Cimientos

Mi llegada al fotoperiodismo fue fortuita. Nunca pensé que me dedicaría a contar historias a través de la imagen. Siendo muy pequeña, me regalaron una cámara de bolsillo y jugaba a tomar fotos sin rollo. Muchos años después, ese juego se convertiría en mi profesión.

Estudié la Licenciatura en Comunicación y, durante la carrera, mi interés se dirigió hacia otras áreas, sin dejar de lado la fotografía. Así fue hasta que llegué a la redacción de un periódico, donde me dieron la oportunidad de aprender: allí encontré fotógrafos que me tendieron la mano y me brindaron un espacio para entrar a este mundo, del cual sigo cautivada.

Un día, mi jefe me dio un equipo fotográfico: sentí mariposas en el estómago y, desde entonces, una cámara siempre ha sido mi compañera. Todos los días son distintos, porque las coberturas así lo demandan. Cada imagen y cada clic resultan diferentes; sin embargo, ahí habita un poco ─o un mucho─ de quien hace el disparo.

Durante 22 años, algunas veces he llorado detrás de mi cámara mientras presiono el obturador; en otras ocasiones, el coraje se ha asomado, así como la alegría y la empatía, sin olvidar un elemento esencial para quien se dedica a este oficio: la confianza.

Zacualpan, Estado de México. 2012. Elementos de la 22 Zona Militar aseguraron 23 hectáreas sembradas con amapola y marihuana en los límites del Estado de México y Guerrero; los efectivos militares realizaron la destrucción de los plantíos localizados. © Crisanta Espinosa Aguilar

Miedo y tristeza

La pandemia de COVID-19 fue algo muy fuerte a nivel personal y profesional, pues mientras el mundo se resguardaba para protegererse y evitar contagios, nosotros salíamos a documentar lo que estaba pasando. Todos los días sentía miedo de contagiarme, así como de contagiar a mi familia.

Recuerdo que, al llegar a casa, me quitaba la ropa y el calzado desde la entrada y me sanitizaba; pero sabía que eso no era suficiente. Sentí tristeza al ver calles vacías, negocios cerrados y muy pocas personas realizando actividades esenciales.

Era muy complicado ingresar a los hospitales para hacer alguna cobertura: debía utilizar un traje especial, cubrebocas, cubrecalzado, careta y guantes. Ante esta situación, me sentía atrapada y mi visibilidad era muy poca, pues la careta se empañaba. A pesar de que el manejo de la cámara lo sentía torpe, en cada fotografía busqué transmitir lo que sucedía. Fueron meses difíciles, de mucho cansancio, pero también de grandes aprendizajes.

Durante desastres naturales también he contado historias: pude ir a Oaxaca tras los sismos; a Acapulco después del huracán Otis; así como a Poza Rica, afectada por inundaciones, sin olvidar los daños importantes en el Estado de México tras movimientos telúricos e inundaciones en diversos municipios.

En 22 años caminé entre lodo y escombros, y miré destrucción a mi paso; pero también vi solidaridad, unión y hermandad.

Ocoyoacac, Estado de México. 2022. Buzos del SUEM apoyaron en la búsqueda de un hombre desaparecido desde febrero de 2021, en su última localización que arrojó el GPS, en la Laguna de Salazar, en la zona de La Marquesa. © Crisanta Espinosa Aguilar

Adrenalina y llanto

Salgo a la calle con la firme convicción de compartir mi mirada y documentar lo que sucede a mi alrededor. Quienes nos dedicamos a la fotografía capturamos un momento del tiempo y, a través de la imagen, transmitimos las emociones que se generan en cada suceso.

Al buscar en mi memoria una ejemplificación de ello, recuerdo un linchamiento en el municipio de Lerma. Un hombre, acusado de violación, estuvo a punto de ser linchado por pobladores de la colonia Álvaro Obregón.

Al llegar al lugar, a varios fotógrafos nos dejaron pasar sin complicaciones, a pesar del intenso operativo policial desplegado. En un descuido de los pobladores, algunos policías tomaron los pies del sujeto golpeado y lo jalaron, mientras los habitantes del lugar le sujetaban los brazos. Durante segundos lo estuvieron jalando como a un muñeco de trapo, mientras volaban piedras y palos.

Al tomar las fotografías estaba muy cerca del forcejeo y sentí cómo esos proyectiles pasaban encima de mi cabeza. Afortunadamente, ninguno me hirió, pero fueron momentos en los que la adrenalina me impulsó a conseguir las mejores imágenes.

También he dado cobertura a denuncias de desapariciones y feminicidios en el Valle de Toluca: múltiples protestas e historias desgarradoras que han cimbrado mis emociones. He llorado mientras fotografío a quienes suplican ayuda para encontrar a sus hijas, hijos, hermanas, hermanos, padres o nietos.

Ahí entendí que la fotografía también puede cargar dolor, memoria y exigencia de justicia.

Información completa en la revista CUARTOSCURO 188

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