Talleres Cuartoscuro: Los que esperan

Texto y fotos de Jorge Armando González

Trabajo documental sobre las personas que acompañan a pacientes en hospitales públicos de la Ciudad de México

El frío sorpresivo marcó el inicio de la primavera. La madrugada del 1 de abril fue lluviosa y el paisaje montañoso al sur de la Ciudad de México amaneció cubierto de nieve. En las zonas colindantes al bosque, donde se encuentra el circuito hospitalario, el clima no perdona a quienes esperan afuera a lo largo del año, ya sea por el calor y las lluvias extremas del verano, los ventarrones de otoño o las heladas invernales.

La calle Vasco de Quiroga marca el límite entre dos institutos nacionales: el Hospital Psiquiátrico Infantil y el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. En sus banquetas, cientos de personas de todas las edades comen, duermen, socializan y rezan mientras esperan ser llamadas.

En muchas ocasiones, las familias deben acudir completas a esperar a sus pacientes internados al no contar con alguien que pueda hacerse cargo del cuidado de los niños pequeños. Los automóviles se convierten tanto en alojamiento como en comedor. © Jorge Armando González

1 de cada 6

El corredor hospitalario concentra hospitales de alta especialización. Para muchos, estos son el final de la cadena: el lugar al que se acude cuando ya no queda otra opción. El 15% de los pacientes internados son foráneos, pero las cifras no contemplan a quienes esperan en el exterior.

Afuera de las puertas del InCan, las escaleras se llenan porque la sala de espera no cuenta con suficientes asientos.

Aritmética de la espera

Para personas como Martín, originario de Texmelucan, Puebla, las cuentas dependen de varios factores: el tiempo que su esposa, quien padece diversas enfermedades, necesite permanecer internada; la forma en que realice el viaje, ya sea en transporte público o en un automóvil “prestado”; entre otros.

El gasto de bolsillo promedio puede ascender a 800 pesos diarios por episodio de atención hospitalaria. Para muchos, esto significa elegir entre comer hoy o guardar dinero para el resto de la semana. Dormir tampoco es sencillo.

Las habitaciones en renta dentro del circuito hospitalario tienen precios desde 250 pesos por persona. El hotel más cercano, con tarifas de alrededor de 1,000 pesos por noche, queda fuera de consideración. Las siguientes opciones implican pasar la noche en condiciones aún más duras.

Aun con los gastos y las incomodidades que representa una hospitalización, Moisés sabe que, en su lugar de origen, el tratamiento de su esposa costaría entre 1,200 y 1,500 pesos por consulta. Un tratamiento para enfermedades crónicas, como la diabetes, puede alcanzar los 100,000 pesos anuales. La incomodidad vale la pena: en el instituto no paga nada.

En las calles del circuito hospitalario delimitado por Viaducto Tlalpan, Av. San Fernando, Tlalpan y Anillo Periférico, se pueden encontrar casas con habitaciones en renta desde 250 pesos por persona, destinadas principalmente a visitantes foráneos que esperan afuera de los hospitales. © Jorge Armando González

Infraestructura ausente

En el camellón de avenida San Fernando, frente a la sala de espera del InCan, la escena no es muy distinta. Los cartones y cobijas son la única protección contra el concreto de las bancas para quienes no encuentran lugar dentro de la sala de espera. En ninguno de los institutos existe una casa de huéspedes institucional para acompañantes.

Los corredores alimenticios sobre San Fernando cierran temprano y las opciones accesibles no son muchas. Por la noche, sólo algunos puestos permanecen abiertos durante unas horas más: dulces, botanas y sopas instantáneas es lo único que queda. Mientras tanto, los carritos con pan dulce y café son expulsados constantemente de las entradas de los hospitales.

En ocasiones, las familias completas se ven obligadas a acudir para acompañar a sus enfermos debido a la falta de apoyo o recursos para dejar a los hijos pequeños en casa. Así, los vehículos se convierten en dormitorio, comedor y centro de juegos.

Nutrición es uno de los hospitales donde más se concentra la gente que espera recibir acceso o noticias que tardan en llegar. Es común ver pequeños grupos, pero también personas que esperan completamente solas. Para ellas, alejarse de la entrada para cubrir sus necesidades más básicas representa un problema.

Los que regresan

Algunas noches aparecen voluntarios, como la familia Pérez, de Iztapalapa, que recorre el circuito hospitalario regalando tamales, pan dulce y café caliente a quienes esperan. Esta ayuda surge por iniciativa propia y se sostiene con sus propios recursos.

La abuela Ángela cuenta que no reciben apoyo de nadie; lo hacen por empatía, después de haber estado en el mismo lugar cuando operaron a su nieta en Cardiología. Ese acto de generosidad es la medida exacta del vacío que el Estado deja sin llenar. También es la esperanza de quienes esperan: la señal de que sus enfermos sobrevivirán.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
Are you sure want to unlock this post?
Unlock left : 0
Are you sure want to cancel subscription?