VIDA DE LOS SAMI

Una veintena de fotografías que dan testimonio de la vida cotidiana y tradiciones de la cultura sami, una de las civilizaciones europeas más antiguas del norte de Noruega, Suecia y Finlandia, con más de 1500 años, son mostradas en la exposición temporal El pueblo de las ocho estaciones, que se presenta en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).
La muestra, organiza por la Embajada de Suecia en México y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), se exhibe por segunda ocasión, luego de presentarse durante el Festival Internacional Cervantino 2011, en el que los países nórdicos fueron los invitados de honor.
“La exposición, con imágenes de Torbjörn Jakobsson, es resultado de la convivencia durante un año del fotógrafo y la familia sami Rehnfjell, criadores de renos en las montañas Tärnaby de Suecia, cuyo material retrata la dureza del trabajo y las difíciles condiciones de vida a las que se enfrenta esta cultura”, explicó Jörgen Persson, embajador de Suecia en nuestro país, durante la inauguración de la muestra.
“Es muy importante para la ENAH abrir espacios de reflexión respecto a la diversidad de grupos étnicos, que a pesar de estar distantes geográficamente con las culturas de México, comparten problemáticas, como la lucha por la reivindicación de sus derechos y conservación de sus lenguas, así como similitudes en el desarrollo histórico; esta exposición es relevante por la comparación antropológica que se puede lograr, y la admiración por una civilización poco conocida en nuestro país”, mencionó a su vez Karyn Galland, subdirectora de Investigación del plantel.
“El pueblo sami tiene una identidad cultural bien definida, que se ha fortalecido más en los últimos tiempos. Actualmente, el Estado sueco reconoce y promueve dicha identidad cultural y los derechos del pueblo sami”, el cual durante largas luchas políticas e ideológicas logró la creación del Parlamento Sami en 1993, refirió el embajador.
De acuerdo con Jörgen Persson, a través de dicho parlamento, los sami han impulsado la creación de escuelas y libros de texto para integrantes de esa cultura, y han fortalecido sus manifestaciones artísticas, por ejemplo, por medio de músicos sami que interpretan en diversos lugares el canto tradicional llamado yoik.
La exposición, que permanecerá durante esta semana en la ENAH, muestra la vida cotidiana, a lo largo de un año, de una familia sami, dedicada a la crianza y pastoreo de renos —principal actividad productiva a la que se ha dedicado esta civilización al paso del tiempo— desde el verano, temporada de la marca de las crías, pasando por la matanza de los machos durante el otoño por razones alimenticias, hasta el apareamiento y las migraciones de renos para pastar en el invierno.
A pesar de que el pastoreo de renos fue la actividad productiva por excelencia de los sami durante los siglos XVI y XVII, actualmente sólo 15 por ciento del total de la población se dedica a la crianza de estos animales, de acuerdo con el lingüista Häkan Rydving, autor del libro Perspectivas del norte. Cinco textos sobre la lengua y la cultura de los samis, primera publicación en español sobre esta civilización, que también se presentó hace unos días en la ENAH.
Según el texto, “los sami son un grupo étnico minoritario de lengua urálica que tradicionalmente practicaban el nomadismo en el norte de Europa, y vivían de la pesca —tanto en agua dulce como salada, donde incluso cazaban grandes mamíferos como ballenas—, la caza y principalmente del pastoreo de renos”.
También durante la Edad Media fueron importantes constructores de enormes barcos, y en gran medida basaron su vida económica y social en la crianza de renos, así como el comercio de pieles, principalmente de marmotas.
Hoy, los sami se han establecido en el norte de los países escandinavos, de manera que han dejado el nomadismo, excepto aquellas pequeñas familias que aún se dedican al pastoreo de renos, pues durante el año cambian de morada según las necesidades de alimentación, apareamiento, marca, matanza y migración de las manadas.
De acuerdo con Häkan Rydving, no se tiene una fecha certera sobre el origen de esta cultura, sin embargo hay registros, escritos por el historiador romano Cornelio Tácito, que hacen mención de la existencia de poblaciones dedicadas al pastoreo de renos entre 98 y 100 a.C., que posiblemente correspondan a grupos tempranos sami.
Actualmente, este grupo cultural es una sociedad minoritaria que habita el norte de Noruega, Finlandia y Suecia. Según el texto Perspectivas del norte… “hay entre 31 mil 600 y 43 mil samis en Noruega, entre 17 mil 600 y 20 mil en Suecia, alrededor de seis mil en Finlandia, y cerca de mil 900 en la Federación de Rusia”, lo que, según Häkan Rydving, representa alrededor de 1 por ciento de la población total de dichos países.
Ahora es una cultura con reconocimiento formal y legal ante los gobiernos de los países europeos en los que habitan, a través de Parlamentos Sami (creados en 1990), resultado de una constante lucha intelectual por cultivar su lengua y por buscar el respeto a sus costumbres y derechos culturales.
A través de esos parlamentos que se celebran cada cuatro años, han logrado beneficios sustanciales de autonomía y reconocimiento cultural, como la creación de escuelas para sus miembros, y la publicación de diccionarios, gramáticas y libros de textos en su lengua.
Además, han conseguido el reconocimiento de leyes que impiden la invasión de sus tierras de pastoreo, les permiten el uso de sus nombres tradicionales, y su lengua se convirtió en el idioma oficial en algunos municipios de Noruega y Finlandia, a partir de 1992, y en Suecia desde 2000, lo que significa que en “relación con las cifras sobre la población total sami (entre 57 mil 100 y 70 mil 900), entre 35 y 50 por ciento hablan alguna forma o variante del sami”.
Häkan Rydving, catedrático en la Universidad de Bergen, Noruega, señala que esos logros se dieron a partir de un “renacimiento” y concientización durante los años 60 y 70, en que mayor número de sami recibieron educación superior, lo cual los motivó a reflexionar sobre sus derechos y ha involucrarse en la política a través de movimientos sociales y negociaciones.
Ello significó el inicio de una época de apertura, reconocimiento y reforzamiento de su identidad, misma que fue afectada principalmente durante los siglos XIX y XX, en que los gobiernos escandinavos tenían políticas integracionistas (por ejemplo en Noruega, donde era obligatorio el uso del noruego) o segregacionistas (en Suecia, en que eran respetados como grupo minoritario, pero el Estado decidía quién era o no sami).
Actualmente, la cultura sami conserva sus tradiciones, y mantiene una participación activa en las políticas de los países donde habitan, con la que impulsan sus derechos culturales y autonomía.

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