Redescubrir cómo narrar el mundo
Portafolio publicado en la revista CUARTOSCURO 184 (marzo-mayo 2025)
Imagina que tienes la cámara lista, ajustada con precisión a la luz y la velocidad ideales. La escena se despliega frente a ti, tan cercana que casi puedes tocarla. El enfoque está calibrado y el obturador preparado. Pero, justo antes del disparo, sucede algo más. Porque la fotografía, como bien recuerda Andrés Garay, fotógrafo y maestro, no comienza con el clic, sino con el acto íntimo de observar.
Observar no es simplemente mirar. Es un diálogo silencioso entre el ojo y la mente, una pausa que lee la escena y descifra lo extraordinario escondido en lo cotidiano. “Es una preparación invisible”, dice Garay, “es el momento donde la fotografía deja de ser técnica para convertirse en arte”. En el fotoperiodismo, esta conexión es vital, una herramienta para congelar lo fugaz en medio del caos. Pero en los ritmos pausados de un fotorreportaje, se convierte en el aliento que da vida a imágenes cargadas de significado.

La fotografía no sólo captura; interpreta. Cada disparo es una promesa de eternidad, un suspiro congelado en el tiempo que guarda no únicamente el instante, sino su esencia. Para Garay, los detalles más sutiles —la luz que roza un rostro, la sombra que susurra historias— enriquecen la imagen y la transforman en un testimonio visual.
Recuerda cómo la fotografía analógica enseñaba a reflexionar sobre cada toma: desde la elección del material hasta el ritual del revelado. “Era un compromiso con cada imagen”, rememora. Hoy, la inmediatez digital simplifica procesos, pero él insiste en que lo fundamental permanece: la mirada. “La cámara puede ser perfecta, pero no tiene alma”, reflexiona.
En la era de los teléfonos inteligentes, donde la fotografía se ha vuelto cotidiana y masiva, surge un reto nuevo. “No es que se hayan acabado las fotos por tomar”, afirma Garay, “es que debemos redescubrir cómo narrar el mundo”. La creatividad no está en los filtros, sino en ver con ojos frescos lo que parece conocido. “Incluso en lo más común, siempre hay algo nuevo que descubrir”, dice.
Como docente en la Escuela de Fotografía Nacho López, inspira a sus alumnos a encontrar esa chispa única en cada escena. Enseñar, para él, no es sólo hablar de técnica; es despertar una nueva forma de mirar el mundo. “La verdadera fotografía ocurre antes de apretar el obturador, entre el ojo y el alma”, asegura.
En un tiempo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, Garay observa el futuro con serenidad. Las herramientas evolucionan, pero la esencia de la fotografía permanece intacta. “Las máquinas pueden capturar, pero la mirada sigue siendo humana”, afirma. Y ese asombro, esa conexión con lo extraordinario, es lo que mantiene viva la magia de este arte.

Información completa en la revista CUARTOSCURO 184
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