
Platicando con Jorge Camarillo
Portafolio publicado en la revista CUARTOSCURO 184 (marzo-mayo 2025)
El 25 de noviembre de 2024 falleció el fotógrafo Jorge Camarillo en Calvillo, Aguascalientes. Por 25 años se dedicó a la fotografía, especializándose en procesos antiguos y promoviendo el uso de la cámara esteopeica, a la que él llamaba «cámara natural»
No hay luz en el laboratorio, pero Jorge Camarillo se orienta como los peces del mar profundo. Maneja los químicos cual viejo alquimista, viendo sin necesidad de usar los ojos. Abstraído del exterior, sus manos palpan en la oscuridad el material fotosensible en el que ha emergido y quedado fija la imagen que atrapó con su caja de luz. El laboratorio de revelado es su hábitat, en él medita sus ideas; la mirada hacia el mundo estorba su prolongada epifanía.
Platicamos toda la tarde. Hablamos de la fotografía, de sus orígenes y posibilidades, de las formas, procesos y materiales que toma. Durante la conversación, defiende con entusiasmo una de las tesis que plantea en el Manifiesto Argéntico: que los procesos fotográficos predigitales no son un residuo del pasado, sino un enorme potencial creativo e imaginativo que continúa trazando su propio devenir.

© Anabel Serna Montoya
Por la mañana salimos a fotografiar las calles del pueblo con una cámara estenopeica, y ahora el maestro ha entrado en el cuarto oscuro para culminar el proceso. Ahí está Jorge Camarillo, enamorado del material que ha utilizado para crear una nueva fotografía, absorto en sus contemplaciones, asombrado todos los días con el milagro de la imagen que el papel le vuelve a revelar.
PA: Con la emergencia de lo digital, el público está cada vez más expuesto a imágenes, pero al mismo tiempo, aunque hay más diversidad y se producen más fotografías, a veces son indistinguibles los autores, hay un estilo muy similar. ¿Cuál consideras que es una manera en que los fotógrafos pueden generar un estilo propio?
JC: Hay un concepto que antes se mencionaba mucho y ha caído en desuso, y es el de otredad. La otredad te sirve para conocerte por oposición. Confrontas ciertas actitudes y saberes del otro y, por una especie de contraste, de suma o resta, tienes un enriquecimiento. Fíjate, los nahuas en su filosofía lo manejan muy poéticamente con el espejo de obsidiana. El espejo de obsidiana es un poco como el yin y el yang. Estás tú en la realidad, pero en el espejo de obsidiana te reflejas oscuro, en tu oscuridad, no en tu luminosidad. Entonces, bueno, esta cosa de los opuestos, del conocimiento por otredad, es una de las cosas que te pueden proyectar a definirte en un modo de fotografiar para ti, porque la fotografía es una escritura; se ha hablado siempre de la fotografía como una forma del escribir con luz. La gente que lee se puede dar cuenta de que hay distintas plumas, distintas formas de escribir, que se definen personalidades a través de los autores. No es lo mismo Murakami que Tamizaki, aunque los dos son escritores japoneses y tienen en su escritura algo común entre ellos, que quizá no tienen en relación con un estadounidense, pero hay un matiz de diferenciación. Eso es lo que busca el fotógrafo, ese matiz de diferenciación. Y ese matiz se da al tener una conciencia absoluta de que solamente puedes fotografiar lo fotografiable. En la medida en que eso lo entiendes, podrías quizá también fotografiar lo que no es fotografiable.
PA: ¿A qué te refieres con fotografiar lo que no es fotografiable? ¿Puedes ahondar más en ello?
JC: Pues que hacia lo inefable, eso que no se puede fotografiar, lo único que puedes hacer es apuntarlo, o sea señalarlo. No describirlo, no representarlo, pero sí señalarlo. Eso es lo que tiene el trabajo de Joseph Koudelka, por ejemplo. Señala lo inefable. En Koudelka hay algo que se escapa de lo descriptivo, de lo anecdótico. Hay una foto que es una de mis favoritas de Koudelka, una fotografía hecha en la cotidianidad. Es una persona que va caminando en la calle, lleva una sombrilla y un gran ramo de flores. Pero por contraste, por un lenguaje totalmente fotográfico, el ramo de flores resalta; resalta porque tiene tonos muy claros y todo lo demás es sombrío, la sombrilla incluso creo que es negra. Relaciono esa fotografía con las ciudades mojadas que no se ven limpias, esas ciudades descuidadas y tristes que la lluvia hace más tristes todavía. Hay lugares donde la lluvia se vuelve un símbolo de alegría, pero hay lugares donde todo se vuelve más denso, se vuelve espesa la existencia. Entonces, ese ramo de flores saliendo por contraste en ese ambiente oscuro, triste y sombrío, se vuelve un señalamiento hacia lo inefable. No hay mucha pretensión en la imagen y, sin embargo, eso es lo poético. La acción poética es señalar lo imposible de decir. Lo que hace un poeta no es decirlo, sino generar una vía invisible, una especie de escalera al cielo; algo que no existe, pero que, sin embargo, te da esa sensación de que puedes ascender hacia esos caminos a los que no te es posible acceder. Lo inefable, lo inalcanzable.

© Anabel Serna Montoya
PA: He leído una parábola que me recuerda algo similar, del budismo japonés. Dice que el dedo que apunta a la luna no debe ser confundido con la luna. Se refiere, creo, a que la sabiduría no está en las palabras del maestro, sino en el lugar hacia donde apuntan.
JC: Exacto. Si ves el dedo, no miras hacia donde está apuntando, y está apuntando hacia la nada. Y mira, volviendo al ejemplo de la fotografía de Koudelka del ramo de flores. ¿Tendrá título la foto? Seguramente, se llama algo así como “Praga, 1970”. Porque no hay manera de titular eso, lo echas a perder. Ese fue un momento bien bonito de la fotografía, cuando lo más que podías hacer era colocar como título la ubicación geográfica de la fotografía. ¿Por qué? Porque lo que está ahí es un contenido tan visual que no puede ser anunciado, que lo vas a entorpecer totalmente si dices “sombrero que vuela”. Leí hace poco una cita en Facebook que me gustó mucho. Decía: si usted tiene un perro y dibuja fielmente a ese perro, lo que tiene son dos perros y no una obra de arte.
PA: El afán de realidad…
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