PARODI EN EL MUNAL

El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) presenta la exposición Alba de óleo, color de piedra. Roberto Parodi, en las Salas Monotemáticas del Museo Nacional de Arte (MUNAL). Se trata de una muestra que consiste en la creación de una serie de cuadros por el pintor inspirados en esculturas de la colección del MUNAL, mismas que pertenecen al siglo XIX y principios del XX. La exposición se inauguró el pasado miércoles 6 de junio.

Alba de óleo, color de piedra. Roberto Parodi es una exposición que hace eco en la posibilidad sugerida por el artista Roberto Parodi al imaginar cómo se percibirían los mismos referentes interpretados en dos artes de materialidades contrapuestas como la pintura y la escultura.

De un lado, la pintura de Parodi ofrece la recreación de los volúmenes, las formas y las texturas de piezas que fueron moldeadas o talladas por otros artistas mexicanos como Epitacio Calvo, José María Labastida o Arnulfo Domínguez Bello. De otro, las esculturas brillan con luz propia y aparecen frente a la pintura como interlocutores.

Las obras de Roberto Parodi son una apelación directa a las de los escultores hoy desaparecidos, por lo que crear este diálogo impele a recurrir a citas sobre apreciaciones que otros espectadores tuvieron de las piezas escultóricas cuando se encontraron con ellas en el siglo XIX.

Alba de óleo, color de piedra. Roberto Parodi parte de la búsqueda de conexiones y contrastes plásticos. Se abunda en la reinterpretación de las características de un arte que están ausentes en el otro: la pintura provee a la imagen de una serie de elementos que sustituyen los que caracterizan a la escultura y que están ausentes en la bidimensión.

La figuración de los volúmenes, las texturas, las profundidades de los planos de fondo, se obtiene principalmente gracias al manejo del color. Otro factor a destacar es que la pintura presenta a las figuras esculpidas sólo desde un punto de vista, pues la bidimensión atenta contra la posibilidad de recorrer con la mirada una pieza que puede ser vista en 360°.

Podría aventurarse, a partir de este dato, que la exigencia que el artista presenta al espectador es mayor con respecto a la de contemplación de la escultura, pues, contando con sus referentes, el que mira se enfrenta a la tarea de completar imágenes que se le ofrecen descontextualizadas.

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