
Miguel Ángel León, el fotógrafo ciego que crea entre sonidos, aromas y tacto
Miguel Ángel León es fotógrafo ciego, su cámara no se guía por la vista, sino por la percepción y la memoria. Cada imagen nace de la sensibilidad hacia el entorno, desde el tacto hasta el sonido, y se construye en su mente con la fuerza de la imaginación. “Cuando alguien me describe una foto que tomé, es como si volviera a ver”, explica.
El fotógrafo impartirá en la Fototeca de Zacatecas Pedro Valtierra el taller El Laberinto del Cuarto Oscuro, los días 22, 23 y 24 de agosto, dirigido a personas ciegas, con baja visión o interesadas en explorar nuevas formas de expresión visual. La propuesta incluye ejercicios de retrato, autorretrato y la técnica de “pintar con luz”, así como el desarrollo de una propuesta personal para una exposición colectiva.
Describe su forma de tomar fotos sin tener la vista:
“Nos guiamos por el tacto y el oído. Tocamos a la persona, su nariz, su faz, para encontrar el encuadre. La distancia la calculamos con la mano o escuchando el sonido del entorno. También el habla nos orienta; alguien nos indica cuándo disparar. No es una fotografía visual tradicional, sino una creación desde otros sentidos”.
Para Miguel Ángel, la fotografía es inseparable de la imaginación: “Todo está basado en la imaginación. El círculo se cierra cuando alguien te describe la fotografía. Entonces la imagen se abre y se queda grabada, como una foto verdadera”. Hoy, las aplicaciones de audiodescripción le permiten escuchar lo que sus fotos contienen, pero en sus inicios dependía de que el instructor le narrara cada imagen.
En su trabajo más reciente, documentó al escultor oaxaqueño José Antonio, conocido como “el señor de las sirenas”. Lo retrató en su casa, junto a su esposa, sus hornos y sus piezas. “Sus esculturas tienen un lunar en la ceja izquierda, igual que su esposa. Eso me hizo pensar que todas las sirenas estaban inspiradas en ella. Poder tocar esas obras y fotografiarlas fue como entrar en su mundo”.
En sus talleres, aplica una dinámica clave: el paisaje sonoro. “Les ponemos un antifaz a todos. Para entender la fotografía desde la ceguera, tienes que ser ciego. El mundo es oculocentrista. Con el antifaz, empiezas a guiarte por el olor de la comida, la textura de las paredes, los cambios en el piso, y sobre todo, por el oído. El rey después de la vista es el oído”.
Miguel Ángel defiende una fotografía sin rigidez técnica: “No se trata de que la foto salga perfecta o que las líneas estén derechas. En la creación fotográfica desde la ceguera hay más libertad. Das unas bases, pero cada quien trae lo suyo y lo desarrolla. Y de ahí salen imágenes increíbles”.
Reconoce que no todos aceptan esta forma de trabajar: “Hay fotógrafos muy perceptivos que lo entienden y lo apoyan, pero también hay gente que dice ‘¿cómo crees si no ven?’. A mí no me preocupa convencer a todo el mundo. Lo importante es que existe y que tiene un valor artístico”.
Sobre el futuro de la fotografía inclusiva, es claro: “Hay que darle visibilidad más allá de fechas conmemorativas. Que se reconozca como cualquier otro tipo de fotografía. En otros países hay fotógrafos ciegos que hacen comerciales de autos o cubren eventos deportivos. Aquí también podemos hacerlo”.
Para quienes quieran acercarse a esta perspectiva, su consejo es directo: “Acérquense a los talleres, a las personas que lo hacemos. No somos bichos raros, traemos algo dentro que queremos comunicar. La fotografía desde la ceguera es otra forma de ver, y está ahí para quien quiera descubrirla”.




