La moda de las Polaroid con IA y el desafío del testimonio fotográfico

Un día amanecimos con las redes sociales inundadas de fotos Polaroid: amigos abrazando a Taylor Swift, parejas compartiendo una cerveza con Bad Bunny, colegas riendo junto a Pedro Pascal. La nostalgia instantánea de los años setenta parecía haberse convertido en la nueva moneda de cambio digital. Pero detrás de esa fiebre no había giras, alfombras rojas ni encuentros fortuitos, sino un motor de inteligencia artificial: Gemini, la herramienta de Google capaz de fabricar recuerdos que nunca existieron.

La fascinación es comprensible: en segundos cualquiera puede posar con su celebridad favorita. Sin embargo, este juego digital toca fibras sensibles en el mundo de la fotografía documental, donde el valor no radica en la estética ni en la perfección técnica, sino en haber estado ahí. La imagen que Pedro Valtierra capturó el 3 de enero de 1998 en la comunidad de X’oyep, Chiapas, lo ilustra con claridad: un grupo de mujeres tzotziles enfrentando con furia y dignidad a soldados del Ejército, apenas días después de la masacre de Acteal. Esa fotografía, que se convirtió en un ícono del fotoperiodismo mexicano, no se habría podido imaginar, coreografiar ni recrear con algoritmos. Requirió presencia, riesgo y, sobre todo, testimonio.

©Pedro Valtierra

La IA recrea el instante con tal precisión que resulta difícil distinguirlo de una foto real. Sin embargo, esta fiebre de imágenes perfectas surge en un momento en el que la confianza en lo que vemos está en entredicho. La directora de exposiciones de World Press Photo, Babette Warendorf, lo dijo con claridad durante su visita a México:

“La inteligencia artificial no puede ser testigo de un evento. Por eso necesitamos los ojos del mundo; necesitamos a los fotógrafos para mostrarnos esas historias”.

La organización ha reforzado en los últimos años sus protocolos de verificación. Todos los proyectos seleccionados para su concurso internacional deben presentar archivos RAW y documentación técnica, insumos que hoy siguen siendo imposibles de falsificar con IA. Pero incluso Warendorf admite que esta frontera puede ser frágil. Tal vez en uno, dos o tres años, esas pruebas ya no sean suficientes y haya que inventar nuevos mecanismos de autenticidad. Y mientras tanto, en los programas de edición más comunes, el relleno generativo y otros recursos basados en algoritmos ya se utilizan de manera casi automática, muchas veces sin que los propios fotógrafos lo adviertan.

PUEDES LEER TAMBIÉN: WORLD PRESS PHOTO Y EL RETO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Esa dualidad —juego y sospecha, moda y riesgo— es lo que vuelve al fenómeno tan inquietante. Porque aunque para muchos usuarios tomarse una Polaroid con su artista favorito es solo una curiosidad para presumir en redes sociales, la exposición de datos biométricos y la posibilidad de suplantación de identidad son amenazas reales. Subir una imagen personal a Gemini o a cualquier otra plataforma implica ceder fragmentos de nuestra huella digital: rostros que pueden alimentar deepfakes, perfiles falsos o, en el peor de los casos, filtraciones y hackeos.

En México, la legislación marca un límite interesante: las obras creadas exclusivamente por inteligencia artificial no están protegidas por derechos de autor. Para la ley, solo una creación humana puede ser reconocida como obra. Eso significa que las fotos generadas en automático por Gemini pertenecen al dominio público. Sin embargo, si un usuario dirige y controla el proceso creativo —diseña prompts, corrige y decide el resultado—, la obra sí puede considerarse protegida. La Suprema Corte de Justicia lo confirmó en agosto de 2025 al negar el registro de un avatar fabricado únicamente con IA, reforzando la idea de que la autoría requiere intervención humana.

La pregunta de fondo, más allá de los marcos legales o del valor bursátil de las tecnológicas, toca directamente a la fotografía como práctica cultural: ¿qué ocurre con el testimonio visual en una era de imágenes perfectas pero sin testigos? La IA ya mejora automáticamente la calidad de una foto, etiqueta personas y objetos, aprende los estilos de edición de un autor y, en muchos casos, sustituye la cámara por completo. No son pocos los creadores que abandonan la toma directa para dedicarse exclusivamente a la generación digital.

La moda de las Polaroid con famosos puede ser vista como un juego pasajero, pero también como un síntoma de una transformación mayor: la construcción de un universo visual en el que lo real y lo artificial se confunden sin fricciones. En ese contexto, las palabras de Warendorf adquieren un peso distinto: “La fotografía es un testimonio, y ese testimonio solo puede venir de quienes estuvieron ahí”.

Imagen creada por Google Gemini

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
Are you sure want to unlock this post?
Unlock left : 0
Are you sure want to cancel subscription?