Juan Guzmán (1911-1982): Un fotógrafo alemán en el alemanismo

Fragmento del texto de Maricela González Cruz Manjarrez publicado en la revista CUARTOSCURO 28 (enero-febrero 1998)

Frida Kahlo y Diego Rivera besándose, el volcán Paricutín en erupción, la celebración de Día de Muertos en Janitzio, la construcción de la Torre Latinoamericana, diversos aspectos de Acapulco —cuando apenas se impulsaba su desarrollo turístico—, reportajes sobre mujeres en las calles, sobre el tránsito de la ciudad de México, encargos oficiales para documentar campañas de alfabetización, para cubrir desfiles militares o para fotografiar industrias…

Junto a estas imágenes aparecen otras con escenas de la vida cotidiana, de huelgas, paisajes, fiestas, entre otras muchas, que nos remiten al sólido trabajo fotográfico que realizó Juan Guzmán durante poco más de dos décadas en las distintas regiones de nuestro país.

Este fotógrafo poco conocido, naturalizado mexicano, cuyo nombre original fue Hans Gutmann Guster, llegó a México en 1940 como refugiado, tras la derrota de los republicanos durante la guerra civil española.

En el período alemanista sucedieron cambios sociales importantes en el país. Los sistemas de comunicación adquieren relevancia, estableciendo contactos entre distintos sectores, entre regiones aisladas, difundiendo modos de vida y prototipos que tienden a homogeneizar a una población diversa y contradictoria.

Las carreteras, los medios de transporte, las revistas o el cine, se encargan de romper barreras, buscando conformar el perfil de una nación. En esta etapa, que introduce una dependencia abierta respecto a los Estados Unidos, es cuando se expresan de manera más evidente y generalizada, preocupaciones sobre la mexicanidad, en autores tan diversos como Silvio Zavala, Edmundo O’Gorman, Agustín Yáñez, Fernando Benítez, Octavio Paz, José Revueltas o Efraín Huerta, o en los integrantes del Grupo Hiperión, entre otros.

Es en este contexto en el que la actividad de los fotógrafos adquiere un sentido más definido, cuando se reconoce la personalidad del fotógrafo de prensa, cuando las imágenes adquieren una carga significativa en esta dinámica de la «reproductividad técnica» y de nuevas formas de comunicar y difundir ideas, personajes y acontecimientos: una dinámica entre lo que es México y lo que aparenta o quiere ser el país.

Muchas de sus fotografías comparten la imagen de México propugnada por el alemanismo, como es el caso de fotografías en las que se manifiesta el impulso desarrollista a través de carreteras, industrias, presas, servicios, programas — como los del combate a la mosca prieta o contra la fiebre aftosa en el ganado—; de otras que evidencian el vínculo de México con otros países, especialmente con los Estados Unidos, como en las visitas presidenciales o en las actividades diplomáticas con embajadores, o en algunos de los reportajes que acentúan la solidez del sistema, como por ejemplo en los correspondientes a actos oficiales, a la penitenciaría, al ejército, la marina. También encontramos fotografías del México pintoresco Janitzio, Tehuantepec), del turístico (Acapulco, Taxco), de las celebridades tratadas indistintamente (Dolores del Río, María Félix, Agustín Lara, Tin Tan, Cantinflas junto con Alfonso Reyes, Diego Rivera, Carlos Chávez, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines o Armillita).

Otras de sus fotografías nos muestran imágenes de un México diferente, como aquellos que captan gestos o miradas de la gente que parecen replantear su papel dentro de la imagen y asumir un sentido activo, como en la foto de los trabajadores formados para checar sus tarjetas, la de la niña que entre velas de festividad mira fijamente al fotógrafo.

O en las series planeadas para ilustrar reportajes, tales como el de grupos indígenas en Chiapas, como la foto en la que aparecen los chamulas cargando a la gente en las «sillas del camino», imagen que es denuncia de la explotación indígena  o en otros trabajos que son verdaderas puestas en escena, con diversos enfoques, desde el que cubre «un día en la vida del empresario César Balsa», hasta la del cilindrero que recorre diversos sitios como vecindades o pulquerías.

El tratamiento estético y la calidad técnica de las fotografías, nos permiten reconocer un enfoque muy personal de Guzmán y sus fotos —sean oficialistas o no— nos muestran una rica gama de posibilidades: ideológicas, expresivas, testimoniales.

 

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