José Martínez Verea: La intensidad sensorial en la fotografía

Texto: Silvia Eugenia Castillero

1.

El viento llevó a mi cochera una hoja de libro que estaba un poco quemada. Me pareció un regalo maravilloso y comencé a retratar viejos textos y libros interviniéndolos y buscando una luz dura, directa, con sombras fuertes e intimidantes”. Esta frase de José Martínez Verea resume la poética que existe en su trabajo fotográfico. Sus fotos no abordan los objetos desde la necesidad de plasmar la realidad, sino más bien buscan iluminar sus fragmentos, acentuar las sombras que en un instante se ciernen sobre el espacio que genera ese objeto. Hay un trasfondo de riesgo en la intervención de su cámara, en el momento en que capta algo fugitivo que puede ser producto del azar o del sueño.

El arte de Martínez Verea, desde sus inicios en 1984 hasta la actualidad, está impregnado de experiencia. En las imágenes captadas por su lente se percibe una intensidad sensorial, la memoria de ese ojo cuya mirada trasmina un espacio significante a la imagen.

De la serie H2O, 1990.

¿Qué significa transmitir la experiencia sensorial en un espacio fotográfico? Según Merleau-Ponty, la cuestión vital se percibe en los objetos captados por el arte, a través de amputarlos del mundo donde son claros y están articulados. Crear una espacialidad sin cosas, las confronta con su propia ausencia y ahí es donde se capta la cuestión vital. José descentra los objetos que va encontrando, los confronta con elementos ajenos y los vacía de su propia realidad para transmitirle al espectador la intensidad de esa presencia.

2.

Un bote desbordado de basura en un rincón rodeado de objetos en desuso, con un mapamundi pintado, es una de las fotografías icónicas de los comienzos del artista. La experimentación ha sido una de sus constantes en la búsqueda de su propuesta fotográfica. Objetos en desuso, que son basura o se encuentran abandonados, representaciones de un pasado anacrónico, los transmuta en un presente iluminador con el ímpetu de lograr estremecer a los otros, volviendo táctiles realidades muertas, reanimando cosas enterradas en el tiempo para lograr otra mirada de la misma realidad vivida, tan vista que se ha hecho invisible. Ese exilio de los objetos, el boquete que hace a su representación, vuelca la fotografía de José en un cambio del decir y se vuelve un trabajo próximo, vocativo, real.

3.

En la sintaxis del trabajo de Martínez Verea, descubrimos un asidero del mundo físico formado desde una memoria profunda con imágenes sin forma, en el sentido de que son imágenes impalpables, provenientes ¿del subconciente? Lo figurativo se desvanece para dar cabida a una mixtura de elementos enigmáticos, una correlación entre testimonios y heridas del alma, como lo muestra la serie Por la cocina de Hipócrates (2003), donde conviven antiguos instrumentos quirúrgicos con alimentos de la cotidianidad o refinados menús.

A través del juego significante-significado, sujeto-objeto, la audacia del fotógrafo crea una realidad mutante que arriesga sus paradigmas y salta a la abstracción, además experimenta con elementos técnicos heterogéneos como el paladio palatino, un sistema de impresión del siglo XIX, y la impresión digital.

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Dudas o aclaraciones: redes@cuartoscuro.com

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