El oficio de la sal: una huella ancestral

A través de un juego de contrastes entre blancos y negros, Rafael Doniz documenta la labor de los salineros en regiones de Oaxaca y Puebla

Portafolio publicado en la revista CUARTOSCURO 190 (septiembre-noviembre 2026)

La sal, un elemento que se encuentra inmerso en casi todo lo que nos rodea, en nuestra mesa, en la comida, incluso en nuestras lágrimas, que es fundamental en la historia misma de la humanidad. Forma parte de nuestra vida de manera tan silenciosa que pasa desapercibida, rara vez nos detenemos a pensar en su origen, en las manos que la hacen posible, pues antes de llegar a nuestras casas, la sal nace de un paisaje monumental y de un oficio transmitido por generaciones, sostenido por personas que recorren kilómetros a pie, trabajan bajo el sol ardiente, que dedican jornadas enteras a extraerla con precisión y paciencia, ellos son: Los salineros.

El trabajo de las salinas fue explorado arduamente por Rafael Doniz, fotógrafo con más de 54 años de trayectoria, quien ha realizado todo tipo de coberturas y se caracteriza por un interés particular en los pueblos originarios, así como por compartir su trabajo principalmente a través de fotolibros más que de exposiciones. En 1982, Doniz viajó a Juchitán para realizar un trabajo documental sobre la COSEI y la difícil situación que se vivía en aquel momento. Durante esa estancia se dio una vuelta por las salinas de la Costa Zapoteca, en Oaxaca, motivado por su interés en los trabajadores poco conocidos, aquellos que realizan labores pesadas.

Col. Álvaro Obregón, Juchitán, Oaxaca © Rafael Doniz

Años después realizó una maqueta titulada Héroes Anónimos, “un homenaje a los trabajadores, a toda esta gente sin nombre, que suele pasar inadvertida, pero que, gracias a ellos, nuestro país se sostiene: mineros, jornaleros y, por supuesto, salineros, entre otros oficios. Ellos hacen los trabajos más rudos, algunos terribles, para sostener”. Tras este proyecto, comenzó a trabajar de manera más profunda en la zona salinera de Zapotitlán Salinas, ubicada sobre la antigua carretera a Oaxaca, una región perteneciente a la cultura indígena Popoloca.

Más tarde, en una conversación con Francisco Toledo, este le sugirió complementar su trabajo sobre la sal explorando también el territorio de la Mixteca Baja, entonces Rafael comenzó a visitar las salinas por semanas o algunos días, platicando, observando y entablando una relación más cercana con los expertos en la sal, quienes le compartieron historias del lugar. “Las salinas de Zapotitlán y el de la Mixteca Baja dicen que es el mismo conducto, el mismo mar enterrado que nutre ambas salinas” menciona Doniz. También cuenta que ductos que alimentaban las salinas antes eran brotes y acumulaciones de sales que se formaban de manera natural: “ahora tienen que hacer pozas y, con bomba, sacar el agua para extenderla en placas de concreto para que el sol haga su labor; el agua se evapora y la sal queda”.

Rafael realizó este trabajo en zonas de tres pueblos originarios: la Mixteca Baja, la costa Zapoteca de Oaxaca y la zona serrana de Zapotitlán Salinas. Aterrizando el camino recorrido en imágenes con una fuerza visual que, a través de la relación de contrastes entre blanco y negro, aportan serenidad y armonía. Al terminar el trabajo, Doniz junto con Toledo y la Fundación Harp Helú Oaxaca consolidaron el trabajo en un fotolibro llamado Salineros. Retrato vivo de un oficio olvidado que se imprimió en septiembre de 2015, el cual, menciona, consolidó su estima y amor por los pueblos originarios.

Información completa en la revista CUARTOSCURO 190

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