El camino del peregrino

Texto y fotos por Arturo Ortega Coronado

El camino del peregrino es un amplio ensayo documental que recorre las extensas rutas de devoción en Jalisco. Este trabajo surge de la curiosidad por la fe, la resistencia humana frente a la intemperie y la crudeza de la realidad social mexicana, donde el mito y el duelo conviven en un mismo plano.

Estas imágenes registran la intensidad física y espiritual de cada trayecto y dan testimonio del cansancio que se diluye en el misticismo. La narrativa visual comienza con las incontables huellas grabadas sobre la tierra árida rumbo a San Juan de los Lagos. El peso de la multitud se convierte en textura: una marcha colectiva que transforma la geografía en testimonio del agotamiento, mientras los cuerpos avanzan entre la devoción y el cansancio.

Sin embargo, al llegar al templo de la Virgen de Talpa, la devoción se encuentra con un muro de lamentos terrenales. En los mismos altares y paredes donde se cuelgan las mandas de los vivos convergen las miradas de los ausentes: las fichas de búsqueda y los rostros de personas desaparecidas se incorporan al paisaje sagrado. Es un doloroso recordatorio de que en este trayecto también se camina con el dolor a cuestas, en busca de milagros que devuelvan la paz a los hogares.

Zapopan, Jalisco. 2026. Recogida de la imagen de la virgen de Zapopan. Durante la velación, los danzantes trasladan una imagen de la virgen mientras el humo del copal se mantiene vivo, al altar ceremonial para dar paso a su velación y purificación. © Arturo Ortega Coronado

Finalmente, la serie se adentra en la intimidad de la velación de los danzantes, en la víspera de la Romería de Zapopan. En la penumbra, el humo del copal desdibuja los rostros y el fulgor de una vela sostiene un ruego, mientras el canto de los concheros resuena ininterrumpidamente a lo largo de la madrugada. Esta guardia nocturna trasciende la espera: es una ceremonia vinculada al principio femenino de la Madre Tierra, donde, entre alabanzas, cuerdas y flores, se invoca a las ánimas conquistadoras. En esta comunión espiritual, el danzante se limpia y purifica en la oscuridad para renacer con el nuevo día y prepararse para el estallido solar de la danza a la mañana siguiente.

Al final, todas estas imágenes comparten una misma naturaleza: son el rastro imborrable de una estela de historias invisibles.


Arturo Ortega Coronado radica en Guadalajara, Jalisco, y actualmente cursa la Licenciatura en Artes Visuales para la Expresión Fotográfica en la Universidad de Guadalajara, donde ha desarrollado su práctica artística durante los últimos cuatro años. Su principal interés se centra en la fotografía documental, ensayística y de artes escénicas. En su trabajo explora las tradiciones de la región y las atmósferas místicas que las envuelven, en una aproximación que evoca involuntariamente el realismo mágico rulfiano. A través de su cámara, busca capturar el delirio, la emotividad y la carga psicológica de los rituales colectivos, para convertir la fotografía en un medio de memoria y expresión personal.

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