El poder del cóndor: La tenaz permanencia del ave-trueno
Texto y fotografías de Patricio Robles Gil
Portafolio publicado en la revista CUARTOSCURO 189 (junio-agosto 2026)
SÍMBOLO DE UNA LUCHA
En el territorio del Bosque Nacional Los Padres, ubicado en Estados Unidos, el 19 de abril de 1987 fue capturado el último cóndor salvaje de California. En aquellos tiempos, la especie atravesaba su punto más crítico: solamente se contaba con 22 ejemplares, los cuales también fueron incorporados al proyecto de preservación en cautiverio.
Tal decisión no estuvo exenta de controversia. Para muchas voces expertas, el deterioro del hábitat era tan profundo que no se vislumbraban condiciones idóneas para la supervivencia de la especie en libertad. Ante ese escenario, permitir su extinción parecía, bajo la perspectiva de algunos, un acto de respeto.

Sin embargo, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos optó por intervenir en esta dramática situación: capturó a todos los ejemplares existentes e inició un programa de reproducción en cautiverio, con la intención de reintroducirlos posteriormente en su hábitat natural. Así comenzó una de las historias de recuperación más complejas y costosas en el ámbito de la conservación contemporánea.
Tras la desaparición de la megafauna en Norteamérica —suscitada aproximadamente hace 10 mil años—, la distribución de los cóndores se limitó a la costa de las Californias, donde estas aves encontraron una fuente abundante de alimento en las ballenas que, al morir, quedaban varadas en las playas.
Los antiguos pobladores de esta región nombraron al cóndor con una dualidad de palabras, un par de potentes símbolos naturales: ave-trueno. Tal bautizo aludía a que, durante las tormentas de verano, estas imponentes aves ascendían a grandes alturas y, desde allí, su presencia parecía anunciar el arribo de la lluvia y los relámpagos.
ESPERANZA Y ADVERSIDAD
Continuamente, la acción humana ha contribuido a la reducción de las poblaciones de esta especie en riesgo crítico de extinción, ya sea a causa del envenenamiento con plomo, la pérdida de hábitat o la persecución directa.
En México, el registro más reciente de dicha ave se llevó a cabo en el Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir, situado en Baja California. Allí, en la década de los setenta del siglo XX, un vaquero abatió al último ejemplar del cóndor de California del cual se tuviera registro en el país.

Estados Unidos y México han realizado un relevante esfuerzo para rescatar a una especie poco conocida que, a diferencia de su pariente sudamericano, el cóndor andino, no ha gozado del mismo prestigio cultural.
Esa encomiable labor produjo un acontecimiento extraordinario en noviembre de 2002: tras muchos años, en México se contempló nuevamente el vuelo de estas aves en libertad. Ante las dificultades halladas en California, el programa de conservación dirigió su mirada hacia la península de Baja California: ahí, el futuro del cóndor parecía contar con circunstancias más favorables.
Hoy, más de dos décadas después, la población de cóndores de California en México supera los 50 individuos y es considerada una de las más viables en la región. Esta condición prometedora surgió gracias al conocimiento, la experiencia y el compromiso de Juan Vargas y Catalina Porras, dos tenaces protectores de la naturaleza que han sostenido una lucha frente a obstáculos burocráticos, recursos limitados, conflictos locales y dificultades propias del trabajo en una montaña remota e indómita.
PRESERVACIÓN Y DIFICULTADES
Desde 2022, en diez ocasiones he vuelto al Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir. Durante más de 200 días documenté tanto las actividades de preservación como las diversas amenazas en contra de Juan y Catalina. A partir de conocer este proyecto, entendí a cabalidad que estaba frente a uno de los programas de recuperación más importantes de México.
Lamentablemente, no solo las agresiones humanas ponen en riesgo el futuro de esta población de aves; en esa trama también inciden diversos procesos naturales, como los incendios forestales o la presencia de depredadores.
Ahora mismo recuerdo un suceso que comparto con quienes leen este número de la revista Cuartoscuro: una mañana, aparentemente ordinaria, presencié cómo un puma mató a dos cóndores jóvenes en un aviario deteriorado por la falta de recursos económicos.

No obstante, las amenazas más peligrosas provienen de las actividades humanas. La principal, sin duda, es la contaminación por plomo: cuando un animal herido por balas no es recuperado, los proyectiles se fragmentan dentro de los cadáveres y estas aves los ingieren al confundirlos con huesos. El desenlace, en la mayoría de los casos, suele ser fatal.
En este escenario, México ofrece mejores condiciones que Estados Unidos, pues la mortalidad a causa de ingerir plomo oscila, en territorio mexicano, en 15 por ciento, mientras que en el vecino país del norte la cifra aumenta a 50 por ciento.
Ante esta grave problemática se impulsa la alimentación suplementaria con animales libres de contaminantes, lo cual evita riesgos de intoxicación en esta especie.
Información completa en la revista CUARTOSCURO 189
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