CEMPAXÓCHITL EN EL GANGES
Cempaxóchitl, exposición de fotografías del francés Serge Koutchinsky que muestra el ritual de cremación en la ciudad sagrada para los hindúes de Varanasi, India, ubicada a orillas del Río Ganges, se inaugura con un performance el viernes 2 de noviembre a las 13:00 horas en Paseo de la Reforma 222, entre la Glorieta de Palmas e Insurgentes.
Durante dos meses a lo largo de 13 años en Manikarnik a las orillas del Ganges, en Varanasi, Koutchinsky se ha dedicado a documentar los rituales de cremación de la India.
Los hindúes van a morir a Varanasi, la Ciudad Eterna, para detener el ciclo de la reencarnación. Durante la cremación, Shiva, el dios de la destrucción, susurra al oído del difunto el Tarak Mantra, las palabras mágicas que permiten al alma liberarse del cuerpo para alcanzar el Nirvana y así nunca regresar a la Tierra.
De esta manera el alma del difunto se une a las almas de las cinco generaciones de antepasados que se alojan allí, en el Nirvana, tomando el lugar correspondiente y liberando el alma más antigua, para que siempre resten a la espera cinco generaciones, a las cuales se les reza cada día. Esta liberación del alma, llamada moksha, no siempre se consigue. Sin embargo, es más fácil que pueda darse en Varanasi porque para los hindúes el dios Shiva vive en Manikarnika, el lugar de cremación más sagrado en el hinduismo.
Los Doms (pertenecientes al grupo de los Intocables o Parias, que tienen el estatus social más bajo en la India) han sido propietarios de Manikarnika durante siglos. Ellos han concedido el privilegio de la amistad a Serge Koutchinsky al permitirle convivir con ellos y concederle el permiso para tomar fotografías en este lugar sagrado, donde está terminantemente prohibido fotografiar.
En 2005, después de cinco años de trabajo realizó una exposición de gran formato en el lugar de cremación, en Manikarnika, entre las piras, los vivos y los muertos.
Serge Koutchinsky no ha querido comercializar este trabajo con el fin de mantener el carácter sagrado que lo ha acompañado desde el principio. Por este motivo ha preferido mostrarlo sólo en exposiciones en la calle o en los museos, en vez de publicarlo en revistas especializadas o en libros de largo tiraje, y sólo autoriza a vender 5 fotografías y 5 libros de artista por exposición, haciendo alusión a los cinco elementos: tierra, agua, fuego, aire y éter.
El número 5 está en la base de todos los rituales de Manikarnika. El agua es tan importante como el fuego del ritual de cremación. Antes de que el cuerpo se queme totalmente se apaga el fuego vaciando cinco ollas llenas del agua del Ganges, y se ofrece al río Ganges (la diosa Ganga) un pedazo del cuerpo que no ha sido comido por el fuego. De esta manera el cuerpo se ofrece deliberadamente tanto al elemento fuego como al elemento agua. Es falsa la creencia que atribuye la parcial cremación del cuerpo a la falta de dinero para pagar la madera. En Occidente observamos un ritual similar cuando el cuerpo primero se incinera y a continuación las cenizas se tiran al agua del mar o de un río.
El precio de la cremación es muy bajo. Los Doms, que mantienen el área de cremación y venden el fuego sagrado, son los encargados de ajustar la ubicación de la pira según el poder adquisitivo del cliente. La madera es vendida por otras grupos de Intocables. Las familias de los fallecidos con menos recursos económicos pueden recuperar la madera restante de otras hogueras.
El 5 es también la cifra involucrada en la construcción de la pira: es el número de pindas (bolitas de arroz que se colocan sobre el cuerpo del difunto) que se ofrecen a cada uno de los antepasados, el número de vueltas realizadas en torno a la pira antes de encender el fuego…
La cremación se realiza el mismo día de la defunción. Contrariamente a lo que pudiera parecer, la visión de una cremación no es tan horrible. La observación de la lenta desaparición del cuerpo permite a los familiares del difunto asimilar que el cuerpo es sólo la envoltura del alma del ser querido. En consecuencia el observador no construye en su imaginación ninguna imagen atroz, y cada segundo transcurrido es una nueva imagen destruida por la siguiente hasta transformarse en cenizas. Estas cenizas no se recuperan, no son objeto de ningún ritual, sino que el Ganges se las llevará y las mezclará hasta la eternidad.
(Fuente: Casa de Francia en México/IFAL)



