Los años detrás de la imagen
Portafolio publicado en la revista CUARTOSCURO 187 (diciembre 2025-febrero 2026)
¿Qué sucedería si nadie documentara los momentos que definen nuestra historia, si no tuviéramos acceso a ella a través de imágenes? En la Edad Media existieron los juglares que contaban relatos de boca en boca; en cambio, hoy en día, la fotografía nos posibilita visualizar esas narraciones, significarlas y hacerlas tangibles. En el ámbito fotoperiodístico, el acto de comunicar con la imagen implica ir más allá de lo visible: es necesario entender quién participa, cómo se desarrollan los hechos, dónde suceden y cuál es su significado. Esto y más aborda el presente texto, desde el cual presentamos los aprendizajes, las mutaciones, los anhelos y las certezas de uno de los integrantes del equipo de la agencia fotográfica Cuartoscuro: Moisés Pablo Nava (1979, Ciudad Neza), fotoperiodista con más de dos décadas de sostener una cámara entre sus manos.
Una epifanía
Cierto martes, tras cumplir con la cobertura fotográfica de una ceremonia de premiación en Bellas Artes, Moisés retornó a la agencia Cuartoscuro: encendió el televisor y sintonizó un noticiero; su equipo fotográfico lo dejó encima de la mesa y tomó asiento frente a la computadora para cumplir con sus funciones de editor. Tal momento, mientras escuchábamos la solitaria voz del conductor de noticias, lo aprovechamos para charlar sobre cómo fue su llegada al fotoperiodismo, los procesos que involucra esta profesión, sus anécdotas durante tantos años de actividad laboral y las transformaciones experimentadas por la fotografía de prensa a través del tiempo.
En el año 2003, tras estudiar la carrera de Diseño y Comunicación Visual en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM ─actualmente Facultad de Artes y Diseño─, Moisés ingresó a trabajar en la agencia Cuartoscuro, y su primera cobertura como fotógrafo de prensa no tardó en llegar: el novato fotoperiodista debía obtener testimonios visuales de un incendio ocurrido en una vecindad del Centro Histórico de la capital mexicana. El director de dicho espacio periodístico, Pedro Valtierra, le dio instrucciones para realizar tal cobertura. En ese momento, a pesar de no tener muchos conocimientos empíricos sobre el oficio, Moisés salió decidido a la calle: “Me dieron un rollo, mi cámara y me acerqué para mirar el suceso. Aquel fue uno de esos momentos de epifanía en donde lo tienes todo claro. Ahí me di cuenta de que ese era el lugar que estaba buscando”.

Hasta ese momento, él acumulaba dudas sobre sus próximos pasos y sentía que el universo de las artes y el diseño lo predisponía a un futuro específico, ya escrito, sin sorpresas: se percibía sentado frente a una computadora, creando y experimentando, en actitud introspectiva y ─hasta cierto punto─ estática. Él presagiaba una vida en donde todo sucedería dentro de los límites definidos de una pantalla, un teclado y un mouse. Sin embargo, tras cubrir aquel primer evento informativo, descubrió que el fotoperiodismo le concedía una posibilidad inédita: caminar las calles, observar el mundo con cercanía y ser testigo directo de la historia. “A veces, bromeo y digo que estudié dos carreras. La primera fue Diseño y Comunicación Visual en la UNAM, y la segunda, fotoperiodismo en Cuartoscuro”.
Observar y escuchar
Mientras vemos en la televisión la cobertura acerca del genocidio en Palestina, pregunto si este oficio puede generar cambios positivos en las circunstancias retratadas, pues ─a lo largo de más de 20 años─ él ha cubierto eventos de gran relevancia, desde el terremoto del año 2017 en Ciudad de México hasta la pandemia de covid-19, experiencias que lo han llevado a reflexionar sobre su papel al documentar visualmente la historia: “A veces, te cuestionas si realmente el fotoperiodismo aporta algo… Podría parecer más fácil ayudar de otra manera; pero tu labor es esa: tomar fotos y retratar lo que está ocurriendo. En el futuro, todas esas imágenes contribuirán para que la sociedad entienda lo que pasó en tal o cual momento”.
En el televisor, las noticias se atropellan unas a otras, mientras Moisés revisa las fotos que acaba de tomar. Su tono de voz es tranquilo, al igual que su carácter taciturno, mismo que quizá se ha moldeado al verse inmerso en la cotidiana mirada escudriñadora propia de su trabajo. Según cavila este fotoperiodista, la observación y la escucha son importantes para comprender el sentido de lo que ocurre y así poder transmitirlo con mayor efectividad al momento de capturarlo.
Instinto y polémica
En 2005, cuando apenas llevaba dos años en el medio, Moisés acudió a fotografiar un polémico suceso: el helicóptero en el que viajaba Ramón Martín Huerta, entonces secretario de Seguridad durante el gobierno de Vicente Fox, se estrelló mientras el funcionario se dirigía al abanderamiento de los nuevos custodios del penal de máxima seguridad “La Palma”. Cerca de la zona del siniestro, el fotoperiodista de la agencia Cuartoscuro se encontró con otros reporteros que iban en dirección contraria, y estos le advirtieron que el acceso a la escena era mediante otro camino distinto al que él andaba. A pesar de las indicaciones de sus colegas, Moisés decidió seguir su instinto, su agudo olfato, y llevar sus pasos por donde la intuición le indicaba.
Más tarde, al darse cuenta de que se encontraba a unos metros del cuerpo inerte del entonces secretario, descubrió que intencionalmente a la prensa se le dio información falsa sobre el punto de acceso al lugar de los hechos, esto con la intención de evitar el registro de lo ocurrido; mientras tanto, súbitamente ─junto a un colega más y otros pocos fotógrafos─ arribó al punto neurálgico de la noticia a través de una ruta más directa: “Todo pasó muy rápido. Exploré la escena y casi tropiezo con el cuerpo del secretario. En ese momento, llegó el personal de seguridad y comenzó a sacarnos… En dicho instante, me oculté detrás de un árbol con la intención de no ser visto y disparé el obturador”. Moisés consiguió una foto exclusiva, la única imagen capturada del difunto funcionario, misma que sería seleccionada para publicarse en la portada de varios periódicos.
Esa fotografía, tan ampliamente difundida en los medios, generó una polémica desde la cual se cuestionó la fiabilidad del fotoperiodista, pues se sugirió que había recurrido a manipular aquello captado por su cámara: “Me preguntaron si había trucado la foto. Se dijeron muchas cosas y me consterné: no entendía bien por qué sucedía todo eso”. Este suceso permitió que dicho profesional comprendiera una de las múltiples aristas del fotoperiodismo: la veracidad de una imagen y la credibilidad profesional siempre pueden ser puestas en duda.
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