EL HOMBRE MOSCA

© Guillermo Robles Callejo / Fototeca Antica AC
¿Qué pasó aquella mañana de finales de 1922 en Puebla? ¿Qué o quién era ese Hombre Mosca ejecutando el temerario «Paso del Niágara»? La crónica fotográfica de Babe White, quien ascendió a la cima de la Catedral de Puebla de los Ángeles, fue retenida para la memoria por Guillermo Robles Callejo, cuya serie fotográfica se expone a partir del miércoles 7 en la Fonoteca Nacional.
La exposición Babe White, el Hombre mosca se inaugura en este recinto de Conaculta, ubicado en Francisco Sosa 383, Barrio de Santa Catarina, Coyoacán, México, D. F. a las 19:30 horas, en la Sala B. Además de la muestra, se presentará un paisaje sonoro cuadráfónico que recrea los sonidos y los personajes de la época. Todo ello, una muestra de la Fototeca Antica AC de Puebla.
Hacia finales del año de 1922, en Puebla de los Ángeles ocurrió una serie de hechos inusitados que provocaron la expectación y el asombro de la población. Un hombre de otras tierras, Babe White, como se hacía llamar, de probable ascendencia irlandesa, días antes anunció lo que a todas luces parecían actos inverosímiles: ascender, o, más bien, escalar, consecutivamente, durante 14 días, desde su base, una de las torres imponentes de la Catedral, 69.36 metros de altura, 82 varas, equipado únicamente con las herramientas que constituían sus propias extremidades.
Prometía intentarlo a mano limpia, asido a las aristas de la cantera, a la porosidad de las piedras esculpidas, hasta la punta superior de la cruz que corona la torre norte de esta imponente edificación Y, por si fuera poco, ejecutar el “Paso del Niágara”: el “enervante” (como lo llamó algún reportero) y temerario acto de cruzar, de torre a torre, en un delgado cable de acero. ¡Una prodigiosa hazaña de equilibrismo! “¡Acrobatismo en alambre a gran altura!”
© Guillermo Robles Callejo / Fototeca Antica AC
La población se volcó en amplísimo número en el atrio de la Catedral (la gran protagonista visual). Se otorgaron, a cambio de sendos donativos, permisos para que Babe White colocara mantas publicitarias en ambas torres: ¡inclusive anuncios de marcas de cerveza! Y ante aquel espectáculo, la ciudadanía fue prudentemente prevenida: “Si es Usted cardiaco, no vaya, pero mande su óbolo”.
Babe White retaba a las fuerzas de la gravedad. Amaba la audacia y la más peregrina de las osadías. Contados hombres convierten su vida en un asunto tan radicalmente vertical: actuaba sin desesperanza alguna, oculto el miedo en la nerviosa sonrisa, detrás del orgullo, en la frente perlada del sudor frío que surge cuando la muerte está ahí, al lado, rondando, alerta, pendiente del más leve de los descuidos; sorprendida, de algún modo, por el hecho de ser enfrentada de esa manera temeraria e inusual.
Sin duda se trataba de un hombre contento con su aventura de vida, con su irrefrenable proclividad a la ascensión. Fueron días de gloria, inolvidables, dignos de la remembranza; todos y cada uno de los instantes en que sentía (mientras era aclamado), la tierra a sus pies y el cielo notablemente cerca; cuando cruzaba, en cables de acero, los inmensos vacíos, entre torre y torre: “El Paso del Niágara”.
Se decía que Babe White era “un dinamo generador de una energía desconocida”. Un hombre que se atrevía a declarar: “mientras la humanidad le teme a la muerte, ella es la mejor de todas mis desposadas, ella es mi eterna compañera”. Se afirmaba que estaba “dominado por una irresistible y misteriosa influencia; poseído de una fuerza extraña”, y que su mente era poderosamente manejada por Blanche Douglas (actriz en Hollywood): a tal punto, que era denominada “la Tirana del Hombre Mosca”. Presentamos el relato preciso, textual, que narra tan asombrosos sucesos, apoyados en la investigación hemerográfica y en el entorno existencial de este fragmento temporal ocurrido en nuestra República.
© Guillermo Robles Callejo / Fototeca Antica AC
La crónica fotográfica fue construida en la Ciudad de Puebla de los Ángeles, por Guillermo Robles Callejo, quien capturó la secuencia de imágenes que conforma esta exposición.
Por fortuna, como hemos dicho, Guillermo Robles Callejo estaba ahí, en Puebla, presente, atento, expectante, preparado con su cámara Ica- Polyscop, alemana, estereoscópica. Y documentó fotográficamente los eventos, desde los ángulos idóneos, con alta calidad y con un concepto integral de lo que es la narración de un suceso, a través del lenguaje de las imágenes: un foto reportaje; en este caso, una admirable secuencia que preserva las sucesivas fases de un suceso y que en sí constituye una valiosa memoria gráfica, estética e histórica.
Esta Muestra es un homenaje a Guillermo Robles Callejo (1891-1934), que convirtió su amor por estas tierras, y aquellos hombres, en un legado invaluable, en una memoria que retuvo y preservó tiempos pasados, en un imaginario que ciertamente anula la posibilidad absoluta de olvido del fragmento de universo nacional que lúdicamente dibujó con la luz.
Este relato es, también, una manera de rendir homenaje al Hombre Mosca, Babe White, Clarence O’Rourke, que en 1922 capturó la atención de miles de mexicanos y que nos obsequió hazañas memorables. Su ofrenda fue ésta: hacernos partícipes, y cómplices, de su expresión extrema del arrojo, de su sonrisa que parecía infinita, de su particular manera de asumir la profesión de enfrentar a la gravedad, a la vida y a la muerte
En Puebla de los Ángeles, a través de la presentación fotográfica y textual de sus hazañas, recordamos, también, con sentido respeto y con la más profunda de las admiraciones, a Babe White, El Rey del alambre en las alturas, un hombre valiente, a carta cabal.
(Con información de Jorge Carretero Madrid, director de Fototeca Antica A.C.)

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