El desierto y sus luchas
Entrevista a Christian Palma
Portafolio publicado en la revista CUARTOSCURO 186 (septiembre-noviembre 2025)
Hace casi 15 años, tras la polémica concesión federal a mineras canadienses para la explotación a cielo abierto en el desierto de San Luis Potosí, el fotógrafo Christian Palma acompañó una peregrinación del pueblo wixárika, en la que sus integrantes ingresaron al desierto para pedir ayuda a las fuerzas que rigen su universo. La acción buscaba defender el territorio ante la embestida de los megaproyectos extractivistas que, de acuerdo con la visión wixárika, significaban una amenaza al orden cósmico, a los ciclos agrícolas y al devenir humano.
Con esa cobertura periodística, Palma inició el proyecto Niérika Wirikuta (La piel del Desierto), integrado por 25 imágenes. La obra se exhibe en la Galería MARSO, en la colonia Juárez de la Ciudad de México. En entrevista, el fotógrafo habla del origen de su más reciente exposición y reflexiona sobre la fotografía documental y periodística, oficio que ejerce desde hace 25 años.
La piel del desierto
—¿Cómo surgió Niérika Wirikuta?
—Nació en 2012, cuando Luis Ramírez Trejo y yo fuimos invitados a cubrir el peregrinaje de las comunidades wixárikas hacia el Cerro del Quemado, un lugar sagrado. Aquella ocasión fue histórica: pueblos de distintos estados de la República se reunieron para preguntar a sus dioses qué hacer frente a las mineras.
“A partir de ese viaje hicimos el libro La piel del desierto: Luis escribió la crónica y yo aporté las fotografías. La selección que Cuartoscuro publica en su número 186 forma parte de la exposición La piel del desierto (Niérika Wirikuta), curada por Pedro Valtierra. La muestra conmemora mis 25 años detrás de la cámara, justo cuando la Ruta Wixárika fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO”.

Barreras culturales
—¿Qué significó para ti esta experiencia?
—La cultura wixárika ha estado presente en mi vida desde hace años. En el CCH Naucalpan conocí a compañeros wixárikas que vendían artesanías; su arraigo cultural y su cosmovisión me marcaron. Con ellos entendí otra forma de mirar la realidad y el tiempo. Desde entonces construí una relación profunda con su pueblo y he seguido de cerca la lucha por proteger su territorio.
“El desierto es un ente”
“Es fundamental considerar a las comunidades en cualquier proyecto que afecte sus territorios, porque tienen una visión distinta: no conciben el progreso separado de la naturaleza”, señala Palma. “Para ellos, el desierto es un ente, no solo una extensión de tierra”.
—¿Qué recuerdas de tu ingreso a Wirikuta?
—Llegamos a las ocho de la mañana, los wixárikas ya emprendían el ascenso. Granizó intensamente; al subir al Cerro del Quemado me acerqué a un marakame, don Juan, que debatía si la ceremonia sería posible. Me respondió: “Estamos hablando con nuestros ancestros para que nos den permiso”.
“Allí estaban también Rolando Ortega ‘Roco’, de La Maldita Vecindad, y la actriz Ofelia Medina. El granizo era fuerte, pero de pronto el cielo se abrió: el sol brilló espléndido y, al mismo tiempo, apareció la luna. Fue un momento mágico e inexplicable.
—¿Comiste peyote?
—No. Don Juan me lo ofreció, pero preferí no hacerlo, por respeto a la cultura y a mi trabajo. Recuerdo que, al llegar, el horizonte estaba cubierto por una nube gris espesa sobre la sierra de Wirikuta. Fue la primera foto que hice. Desde entonces supe que el viaje estaría cargado de simbolismos”.
Información completa en la revista CUARTOSCURO 186
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