EL ESPACIO INAGOTABLE DE BOSTELMANN
Con sólo entrar y mirar la gran mampara que anuncia la exposición Imagen, espacio inagotable, el visitante del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México se da cuenta de que está por enfrentarse a un constante experimentador de la fotografía, al buscador incansable de todas las posibilidades que la expresión tiene, en los formatos, en los soportes, en el manejo del color, en la foto directa, en la abstracción, en el juego de montajes, en las posibilidades de retratar a través del simbolismo: a 10 años de su muerte, esta retrospectiva de Enrique Bostelmann era una muestra indispensable.
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Dividida en tres núcleos temáticos, la muestra curada por Eugenia Macías y Elva Peniche, es un fragmento de su obra, enfocada primordialmente en la versatilidad y en las distintas líneas de abordó. Alguien diría por ahí que es «sólo una probadita». Y lo es. Pero vale la pena sin duda.
El primer núcleo, Paisaje del hombre, es claramente su manera de representar la interacción del ser humano con la naturaleza y con los espacios arquitectónicos, su exploración del cuerpo como un territorio abstracto y maleable y una serie de composiciones formales y cromáticas que conforman parte del proyecto Espacios habitados.
Ahí, un carro diminuto intenta terminar con una carretera serpenteante de paisaje moteado, la ripa virada a sepia está puesta secar al sol y los botes se convierten en parte de un panorama. Volteamos la cabeza y sorprende un muro de color.
En ese primer núcleo, podemos ver entre su obra más documental a la Cuetzalan neblinosa que enmarca una silueta, la mirada del solitario frente a la inmensidad de la Sierra Gorda o imaginar a los sombreros como puntos de conexión de la entrincada geometría de una escalinata en cualquier plaza de cualquier pueblo mexicano.
Y luego ver su obra más madura, como su obra tridimensional titulada Con el nudo en la garganta, o el collage de impresiones de plata/gelatina que con tantas caras de niños, hombres, mujeres, héroes patrios o divinos, enmarcan desde su blanco y negro un sólo fuego de impresión a color.
El segundo núcleo, La ola es agua y también escultura, recupera obras de experimentación plástica: el medio fotográfico en diálogo con otras disciplinas, como la pintura y la escultura, para idear metáforas visuales.
Bostelmann retrata a los personajes desde lo abstracto, desde las claves simbólicas que les dan una personalidad, y experimenta, experimenta y experimenta. Sus fotos se vuelven parte integral de las formas volumétricas de la escultura de Sebastián, por ejemplo, en una perfecta demostración del diálogo entre las discplinas.
El último núcleo, el más reducido, es El despliegue de la imagen, una selección de su trabajo en el ámbito de la fotografía industrial y publicitaria, realizado en forma paralela a su trabajo artístico, y a través de la cual se puede ser testigo de los grandes proyectos de modernización y construcción de infraestructura en México.
La exposición Enrique Bostelmann. Imagen, espacio inagotable estará abierta hasta el 8 de septiembre en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, en Paseo de la Reforma y Gandhi s/n, en el Bosque de Chapultepec
Informes en http://www.mam.org.mx/ y al teléfono (55) 5553-6233